Ciencia comunitaria en 8 localidades de Aysén, desde el litoral hasta la estepa, incluida la capital regional.

En las exploraciones comunitarias participaron guías y emprendedores turísticos, guardaparques, recolectores y pescadores, además de la comunidad escolar, y se trabajó en temáticas de plantas, hongos, animales y los usos alimentarios, medicinales o culturales que éstos pueden tener en cada territorio.

A cargo del Centro Universitario Coyhaique de la Universidad de Magallanes, talleres científicos del Laboratorio Abierto de Ciencias Subantáricas (LAbCS) financiado por el Gobierno Regional de Aysén comenzaron en el año 2018, beneficiando a habitantes de las comunas de Coyhaique, Cisnes, Cochrane, Rio Ibáñez y O’Higgins. Su principal objetivo fue promover la investigación científica sobre los recursos naturales de Aysén mediante el aprendizaje activo y la interacción sinérgica entre científicos y la comunidad.

El proyecto aplica una nueva forma participativa de generar ciencia desde, para y con la comunidad generando espacios de intercambio de conocimiento y experiencias en torno a temáticas: plantas, microbosques, hongos, insectos, tal como el dragón de la Patagonia, algas más comunes, muchas de ellas comestibles y registro en terreno de los ecosistemas desde el litoral a la estepa.

La motivación nace de conocer la biodiversidad local no solo con motivos científicos sino también de conservación e intereses económicos locales. Laura Sánchez Jardón, bióloga y líder del proyecto prototipo dio a conocer que en los talleres teórico-prácticos se promovía que participara cualquier persona dentro de la comunidad local. “El cambio socio-ambiental global amenaza no solo nuestra calidad de vida, sino la supervivencia de la humanidad, también en Aysén. Gracias a este proyecto estamos ampliando el conocimiento en ecosistemas y apostando por el desarrollo local, porque entendemos que esto fortalecerá las acciones de conservación en el mediano plazo. Eventualmente, también la economía porque se agrega valor a otras actividades –como la agricultura, la pesca o el turismo”.

Uno de los principales objetivos a desarrollar ha sido levantar información biológica de las zonas de alto valor natural, divulgar el conocimiento ya existente sobre la biodiversidad regional y fortalecer las redes de cooperación con expertos regionales, nacionales e internacionales. “El abrir los laboratorios a la comunidad no sólo ha sido un aporte en la recopilación de datos científicos sino también en su retroalimentación con el conocimiento local, lo que constituye una visión innovadora de la ciencia, buscando retomar el vínculo entre la generación de conocimientos y la construcción de sociedad”, señala la bióloga.

El Laboratorio Abierto de Ciencias Subantárticas hasta la fecha ha contado con la participación de múltiples profesionales de varias especialidades dentro y fuera de la región y con el apoyo de la Secretaría Regional Ministerial de Medio Ambiente Aysén, Museo Regional, CONAF así como diferentes organizaciones sociales, como la AG Mi Taller Che o el equipo de educación al aire libre Descubriendo de Cochrane, entre otros.

Felipe Soza, socioeconomista coyhaiquino, quien comenzó a desempeñar sus labores desde los inicios del proyecto, siendo parte del equipo que postuló al Fondo de Innovación para la Competitividad (FIC), y donde su función ha estado enfocada en fomentar la participación ciudadana en las áreas de biodiversidad y además realizar registros fotográficos para la elaboración de material de difusión y educación. “Aprendí mucho sobre la biodiversidad de la región específicamente de los micro bosques, ya que no sabía ni entendía la importancia de esta tenía en el entorno natural”.

Del litoral a la estepa

El proyecto consistió en hacer trabajos de observación en terreno, registro, análisis y reflexión en torno a los ambientes de la región de Aysén. “Trabajamos con grupos específicos como guías de turismo, recolectoras y la comunidad escolar. Para cada uno de ellos se trabajó con temáticas específicas y al mismo tiempo generales para todos y todas en biodiversidad y productos naturales”, apuntó el socioeconomista.

Felipe apuntó que los resultados de las investigaciones culminaron en una metodología para la observación de la naturaleza desde la mezcla de las diversas áreas que se pueden desarrollar ligadas a la filosofía, la sociología, biología, química y antropología, entre otras.

El equipo LAbCS viajó desde el litoral, desde la navegación en los archipiélagos, hasta la estepa, desde Puerto Gala a Villa O`Higgins. “Tuvimos que viajar mucho por la región, pero el que más me impactó fue el de la zona del Queulat, ya que empezamos a descubrir el micro-bosque, la gran cantidad de hongos, líquenes, briófitas. Fue realmente impresionante”, dio a conocer Soza.

Biodiversidad como enseñanza

El proyecto plantea, en su versión prototipo financiada por el FIC, dos disciplinas científicas, la ecología y la química de productos naturales. Lorna Moldenhauer, ingeniera en alimentos e integrante del equipo dio a conocer que el Laboratorio Abierto ha explorado la biodiversidad local y los usos conocidos de algunas especies de plantas y hongos. “El proyecto se enfocó principalmente en abrir los laboratorios de ciencias y el conocimiento empírico de los investigadores y de la academia al resto de la comunidad. Sacar a los investigadores de las aulas y los laboratorios para llevarlos a los espacios rurales ha favorecido un aprendizaje significativo del entorno natural y cultural de la región de Aysén”.

Adriana Barrientos, terapeuta ocupacional e integrante del LAbCS, brindó apoyo en la realización de las planificaciones de los trabajos en terreno. “Mi función fue apoyar en la ejecución de las actividades, con el objetivo de potenciar la entrega de la información científica de forma más accesible y cercana a la comunidad; además de la realización y fortalecimiento del contacto con actores clave de la comunidad y la publicación de lo realizado en redes sociales.”

Sobre el recibimiento de la gente, Barrientos dio a conocer que inicialmente el acercamiento con las comunidades fue desde lo exploratorio y vivencial con la finalidad de ir construyendo en conjunto las bases para los futuros encuentros. “Cada comunidad cuenta y desarrolla sus propias dinámicas en torno al contexto natural en el que viven y se desarrollan, por lo que su reconocimiento y valorización y fortalecimiento además es desde el intercambio y aporte desde la academia”.

Sobre la información levantada en estos tres años, se han difundido resultados mediante los Encuentros Virtuales de Biodiversidad y Patrimonio realizados durante la emergencia sanitaria del último año y se están terminando de elaborar los últimos materiales de divulgación, entre los que encontramos, monografías, pósters, artículos de divulgación, además de una guía educativa con pertinencia regional y una variedad de capsulas audiovisuales con contenido científico, que se pueden encontrar en el canal de Youtube: UMAG TV Aysén. Todo ello diseñado y ejecutado por el equipo multidisciplinario de esta casa de estudios en conjunto, mediante un proceso de co-creación participativa, con actores clave a lo largo del territorio aisenino.

El proyecto se generó a partir de iniciativas previas desarrolladas por la UMAG, que también buscaban valorizar la biodiversidad y sus propiedades, así como la cultura local y prácticas tradicionales, como el SIB-Aysén (plataforma interactiva de biodiversidad regional) y HONGUSTO (innovación social en torno a los hongos comestibles).

Para más información y orientación pueden escribir a laboratorioabierto@umag.cl

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