Felipe Caro Pozo

Mg. en Políticas Públicas y Seguridad Ciudadana

Junto a las conceptualizaciones integrales de la seguridad ciudadana y pública, y las nuevas visiones en cuanto al delito y el delincuente, otro de los elementos de las políticas públicas y toma de decisiones en materia de prevención de la violencia y el delito son los instrumentos para recabar información, en este caso las encuestas de victimización.

Las primeras encuestas de victimización se aplicaron en Estados Unidos a principios de la década de 1970, debido principalmente a las limitaciones de los datos aportados por las cifras oficiales de delitos que manejaban las policías y los tribunales del período. En efecto, en ese momento ya se consideraba que los datos de crímenes reportados eran menores que los crímenes que realmente ocurrían, por las restricciones del sistema y porque los ciudadanos se resistían a denunciar, por variados motivos. Para acceder a esta “cifra negra” de delitos no notificados se desarrollaron nuevos instrumentos de recolección de información dirigidos a la población general, con el objetivo de acceder a una cifra más realista de la ocurrencia de delitos y adecuar así las políticas públicas. 

Así, en dicho país el surgimiento de las encuestas de victimización se produce a partir de la unión de los debates tecnocráticos y las disputas políticas: “A la demanda del gobierno de Lyndon Johnson de más información sobre problemas sociales en pos de mejorar las políticas públicas se sumó la búsqueda de un mayor refinamiento en los métodos de recolección de datos para superar las limitaciones vigentes.”

Estas primeras encuestas recogieron información muy relevante, como por ejemplo que la percepción de inseguridad de los individuos aparece como un fenómeno independiente de la cantidad de delitos reportados; esto es, por ejemplo, que si bien según los datos los delitos pueden haber disminuido y menos personas declaran haber sido víctimas en el período, el sentimiento de inseguridad y la sensación de que la delincuencia ha aumentado, o que uno será víctima de un delito en el futuro, se mantiene alta. 

Esta diferenciación permitió introducir una nueva serie de análisis para determinar qué factores, aparte del delito mismo, intervienen en el sentimiento de inseguridad de las personas, como por ejemplo: los medios de comunicación y el tratamiento que le dan a este tipo de noticias, la confianza en las instituciones y autoridades y su efecto en la población al momento de hacer una denuncia o la existencia de recursos en el territorio para prevenir hechos delictuales, como alarmas comunitarias o seguridad municipal. En Chile la Encuesta Nacional Urbana de Seguridad Ciudadana (Enusc) comenzó a aplicarse a partir del año 2000, a cargo del Ministerio del Interior y el Instituto Nacional de Estadísticas. Y para ejemplificar el fenómeno antes mencionado, basta revisar los datos de la última encuesta publicada del año 2019: si bien hubo una disminución en la victimización, con más de 100 mil hogares que dejaron de ser víctimas de delitos en relación con el año anterior, un 82% de los encuestados consideró que la delincuencia en el país aumentó durante ese mismo año.

Con lo anterior, los investigadores se dieron cuenta que, además de los elementos mencionados, había otros factores que también estaban influyendo en la percepción de inseguridad y que estaban muy relacionados con la calidad de vida de las personas: la desorganización social en las comunidades, la marginalidad y la mala distribución urbana en los barrios y principalmente la presencia de situaciones que actuaban como señalizadores de la baja cohesión comunitaria y resiliencia frente al delito o la violencia, como las incivilidades; esto es, situaciones y conductas que, si bien en su mayoría no constituyen delitos sino faltas, aportan a la sensación de inseguridad en los territorios: por ejemplo, presencia de basurales y sitios eriazos; espacios de uso público descuidados, deteriorados con rayados o destruidos; calles con iluminación peatonal deficiente o en mal estado; ausencia de equipamiento comunitario o espacios para la vida social del barrio; balaceras, peleas o consumo de alcohol y drogas en la vía pública, entre otros.

Todos estos elementos se incorporarían en las encuestas de victimización y en los proyectos de prevención del delito llevados a cabo a nivel internacional y en nuestro país a partir del siglo XXI.  

Referencias: Kessler, Gabriel (2009) El sentimiento de inseguridad, Bs. Aires, Siglo XXI.

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