Felipe Caro Pozo

Mg. en Políticas Públicas y Seguridad Ciudadana.

Una visión histórica

La preocupación por la delincuencia y la prevención de los delitos ha venido en aumento en las últimas décadas. Ya sea a través de los medios de comunicación masivos o en las discusiones políticas, la problemática por la seguridad ha sido una constante, al igual que la necesidad, por parte de la sociedad, de entender este fenómeno, con la esperanza de que desde la comprensión surja una respuesta eficaz. 

Así, cuando nos preguntamos por qué un individuo transgrede una norma, quebranta el orden social o “se vuelve” delincuente, anti-social o desviado, encontraremos distintas posibles respuestas e hipótesis, las que han surgido en distintos momentos históricos de la sociedad. Durante el siglo XIX, por ejemplo, se consideraba que las causas del delito eran biológicas y se encontraban en el infractor, y en las cárceles se establecieron los primeros laboratorios para estudiarlos. En la primera mitad del siglo XX, con el desarrollo de la sociología, se consideraba a los ofensores como “emprendedores”, que frente a la imposibilidad de alcanzar por medios lícitos las metas que establecía la sociedad, como el éxito material, establecían nuevas formas de lograrlas a través del delito, situación que fue especialmente observada en los países industrializados, como Inglaterra y Estados Unidos: “Los jóvenes de clase trabajadora que habían aprendido a creer en el sueño americano de ascenso social y que luego se veían impedidos de alcanzarlo podían entonces volcarse a métodos desviados”. Para está época, por lo tanto, factores sociales como la desigualdad, tanto en la distribución de los ingresos como en el acceso a la educación y el trabajo, entre otros, ya se suponían relevantes para el aumento de la criminalidad.

Durante la década de 1960 se produjo otro cambio de perspectiva en Estados Unidos, influenciado por los movimientos sociales y de reconocimiento de los derechos civiles del período. Elementos como la segregación social y racial, la pobreza, el bajo desarrollo urbano de ciertas zonas de las ciudades, unido a la baja calidad de vida, y a que ciertos sectores marginalizados de la sociedad fueran etiquetados como más proclives a delinquir que otros, fueron distintos factores que influenciaron las nuevas estrategias de prevención y control del delito. Así, junto a los mecanismos tradicionales de control policial, se establecieron estrategias de trabajo social y comunitario para estimular la cohesión y organización de los barrios y el mejoramiento urbano, con participación de gobiernos locales, líderes comunitarios y organizaciones sociales, como coadyuvante en la disminución de la inseguridad y, finalmente, la reducción de los delitos.

Estas serían las propuestas adoptadas en Chile a partir del siglo XXI en los distintos programas de prevención del delito y la violencia. Referencias: Becker, Howard (2009) Outsiders, hacia una sociología de la desviación, siglo XXI, Bs. Aires. 

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