Según estadísticas dadas a conocer por diversos medios de comunicación, entre el 1 de enero y el 18 de noviembre del presente año, el Ministerio de la Mujer y la Equidad de Género dio cuenta de un total de 35 femicidios en Chile. A su vez, la Red Chilena contra la violencia hacia las Mujeres sumó 9 casos más.

Esta lamentable realidad es sólo un síntoma del descontrol que existe en la sociedad en materia de protección hacia la mujer, hecho que resulta altamente preocupante al conmemorarse este miércoles 25 de noviembre el Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer.

Y en este marco, las cifras en Chile sólo evidencian la cruda realidad de un problema que ya se ha vuelto estructural: los 128 femicidios frustrados contabilizados por el Ministerio de la Mujer hasta el 18 de noviembre, demuestran que las campañas que se han realizado a la fecha, no han tenido el impacto requerido.

Toda esta información se convierte en argumentos suficientes para que diversos municipios estén implementando planes pilotos de protección y auxilio para potenciales mujeres víctimas de algún tipo de violencia, ya sea física, sexual, económica o psicológica.

Sin embargo, no cabe dudas que urge la entrega de herramientas socioemocionales desde la primera infancia. Es decir, trabajar las emociones morales que nos permitan manejar mejor la impulsividad, la ira, la deshonra, la vergüenza y la frustración. De este modo, se podrá establecer en el núcleo familiar que ciertas conductas sociales son inaceptables, como la violencia a la mujer o el bullying (en el caso de los niños).

Asimismo, se debe promover que los testigos de este tipo de actos sean los principales gestores de este cambio conductual, así como las familias deben propiciar espacios de reencuentro, minimizando así los actos de violencia.

¿Por qué insistir en que la promoción de la educación emocional en todas las etapas de vida del ser humano sería una solución a este problema y a otros vinculados con la violencia? Pues porque este conjunto de herramientas se enmarca en el respeto y valoración de los derechos humanos, en la diversidad multicultural y en la paz, capacitando a las personas para conducir su vida en forma plena, para convivir y participar en forma responsable, tolerante, solidaria, democrática y activa en la comunidad.

Un experto en esta materia, como lo es el español Rafael Bisquerra, actual presidente de la RIEEB (Red Internacional de Educación Emocional y Bienestar), señala que el desarrollo emocional es indisociable con el desarrollo global de la persona: Es un ser integral que abarca el cuerpo, las emociones, el intelecto y el espíritu y, bajo esta premisa, la educación debe atender a la educación de los afectos, favoreciendo la capacidad de identificar y expresar los propios sentimientos en forma auténtica y adecuada.

Por ello, por el respeto y mayor valoración de la mujer, démonos un espacio para reflexionar en torno a nuestras emociones, procurando atender las carencias que sobrellevamos, y así buscar esos espacios de paz y fraternidad tan necesarios estos días para las mujeres y para la sociedad en general.

Arnaldo Canales

Director ejecutivo

Fundación Liderazgo Chile