Por Leopoldo Sánchez Grunert

Las Naciones Unidas definen a la violencia contra la mujer como todo acto de violencia basado en la diferencia de género que tenga o pueda tener como resultado el daño o sufrimiento físico, sexual, o psicológico contra la mujer, incluida las amenazas de tales actos, la coacción o la privación arbitraria de la libertad, tanto si se producen en la vida pública como privada. En otro apartado se considera que la violencia de género abarca los siguientes actos: violencia física, sexual y psicológica, que se produzca en la familia, incluidos los malos tratos, el abuso sexual de las niñas en el hogar, la violación por el marido, los actos de violencia perpetrados por otros miembros de la familia y la violencia relacionada con la explotación; el acoso y las intimidaciones en el trabajo, en instituciones educacionales y en otros lugares, la trata de mujeres y la prostitución forzada y la violencia física, sexual y psicológica perpetrada o tolerada por el Estado .(ONU, 1993) .

A lo largo de la historia se ha violentado a la mujer sobre todo en el ámbito familiar y se ha aceptado correcciones punitivas contra ella por parte del marido. Se recuerda que estas correcciones han tenido históricamente el sentido de corregir, reformar, curar, volver a su cauce lo que se ha salido de la norma. No sólo se castiga el cuerpo de la mujer encerrándola o haciéndolo trabajar, sino que el hombre usa todo un sistema de privaciones y prohibiciones. También le coarta la libertad que es considerado un derecho y un bien. Foucault dice que hay que situar a los sistemas punitivos en cierta economía política del cuerpo, incluso si no se apela a castigos violentos o sangrientos, se utilizan los métodos suaves que encierran o corrigen; pero es siempre del cuerpo del que se trata, de su fuerza, utilidad y docilidad. Está imbuido en relaciones de poder y de dominación. En esta relación de poder el hombre se asemeja a un panóptico desde donde se vigilan todas las acciones de la mujer. Ella se convierte así en un sujeto sujetado a partir de todas las formas posibles de control y vigilancia de sus actos. Estas prácticas han sido aceptadas socialmente porque forma parte del universo simbólico de una cultura tradicional, donde el hombre ejerce su poder sobre la mujer, por considerarla una posesión más.

Un ejemplo burdo pero que es clásico de discriminación es el siguiente:

Una empresa X debe enviar  a una reunión a un representante. Hay que designar quien irá.  El encargado de decidir quién va, descarta a las mujeres  porque quién va a cuidar de sus hijos?.Son típicos sesgos inconscientes de género.

Los hombres que ocupan puestos de decisión están llamados a avanzar con políticas de equidad impulsando acciones de sensibilización al interior de la organización.

La incorporación de mujeres en puestos de decisión y /o con posibilidades de desarrollo de carrera van generando relaciones más igualitarias y aportan de manera importante a la imagen corporativa de la organización.

Promover la igualdad y equidad provoca beneficios tanto para hombres como para mujeres generando indicadores en términos de productividad, de  relaciones laborales, de menor ausentismo  laboral y mayor colaboración entre los equipos de trabajo.

En México, casi un tercio de las mujeres dicen que se han enfrentado a violencia de género en el trabajo. El 73% de las mujeres encuestadas con puestos en medios de comunicación afirman que las han acosado mientras trabajaban.

Estas mujeres de México, no son una excepción. Durante el confinamiento obligado que ha impuesto la pandemia del Covid 19, la violencia contra las mujeres y las niñas ha estallado en Latinoamérica, que exhibe una de las tasas de violencia de género más altas del mundo este año 2021.

Las protestas que estallaron en todo Chile  en octubre 2019, en realidad se debieron a mucho más que  al aumento en las tarifas del Metro. Los disturbios sociales nos mostraron que, a pesar del rápido crecimiento económico de las últimas décadas, los grupos más vulnerables de la sociedad aún muestran carencias inaceptables para estos tiempos. 

Es el caso de las mujeres chilenas, quienes tienen una de las tasas de empleo más bajas de América Latina. Muchas salieron a las calles para exigir igualdad y pedir avances concretos en temas como la disparidad de ingresos, violencia de género y persistencia de los roles de género tradicionales. Fueron las autoras de uno de los himnos feministas más poderosos del mundo, que inspiró a cientos de miles  a unirse a su causa.

Pese a que existe una legislación que prohíbe el acoso sexual en el ámbito laboral en Chile, no hay sanciones penales para sus perpetradores ni compensación civil para sus víctimas. 

La ley no exige la igualdad de remuneración por un trabajo de igual valor, ni prohíbe la discriminación basada en el género en el acceso al crédito. 

Finalmente, quizás el desafío más importante que enfrentan las mujeres chilenas es que el régimen matrimonial predeterminado en Chile es la sociedad conyugal, el cual convierte automáticamente al esposo en el jefe de la familia y administrador de los bienes matrimoniales. Esto tiene un impacto directo en la inclusión financiera de las mujeres y puede impedir su acceso al crédito. Chile es el único país de América Latina que tiene este sistema, el cual solo existe en nueve economías del mundo, la mayoría de cuales se encuentran en África subsahariana.(Banco Mundial.Blogs)

Nuevos conocimientos y una amplia gama de experiencias en el ámbito de las políticas demuestran sin lugar a dudas que la igualdad de género tiene efectos positivos en el desarrollo de nuestras sociedades. Dos áreas son sumamente importantes, tanto para la región como para el logro de la igualdad de género: la superación de la pobreza y el empoderamiento de la ciudadanía, en un contexto democrático.

La finalidad es contribuir a que los hombres y las mujeres del mundo,  , podamos recorrer juntos el camino que nos lleve a la equidad entre nosotros

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