Felipe Caro Pozo

Mg. en Políticas Públicas y Seguridad Ciudadana.

Un punto fundamental dentro de la problemática por la inseguridad y el temor al delito es el miedo hacia el otro, hacia aquel que es distinto o que resalta por ciertas características, signos o estigmas dentro de espacio o grupo, como una comunidad o un barrio. Los modelos de prevención del delito actuales, desde las áreas de la criminología ambiental y la prevención situacional, incorporan componentes que tienen que ver con estimular la cohesión comunitaria a través, por ejemplo, del control informal que realizan los habitantes de un sector sobre su entorno, visualizando y compartiendo entre ellos y las autoridades lo que identifican como riesgos a su seguridad: lo podemos ver en las agrupaciones o comités de seguridad vecinal en condominios o edificios, en grupos de whatsapp o la misma aplicación Sosafe, en la que sus miembros reportan distintos tipos de situaciones que los afectan. Pertenecer a estas comunidades, o ser capaces de expresar nuestros temores, sea en un grupo o red social, actúa como un elemento protector tanto para el individuo como para la colectividad. 

Sin embargo, lo que hemos vivido desde el año pasado, con el coronavirus, las cuarentenas y las problemáticas sociales que se han suscitado a raíz de esto, ha tenido un importante efecto tanto en nuestra percepción de inseguridad como en la delincuencia. Por un lado aumenta el estrés, disminuyendo la tolerancia a la frustración y acrecentando el miedo hacia el otro, hacia esa otredad. Frente a una crisis y a lo desconocido, tendemos a protegernos de la mejor forma posible, con las herramientas que tenemos a nuestra disposición. Podemos sentir temor, por ejemplo, a que el otro esté contagiado o que no esté cumpliendo con las medidas de prevención, lo que se ve exacerbado por las constantes noticias sobre fiestas clandestinas y situaciones de incumplimiento de las normas sanitarias. Asimismo, sabemos que con el virus y el aislamiento se han agravado las instancias de exclusión, desigualdad y violencia social que ya existían y que hay grupos que se ven aún más expuestos a estas dificultades, como los adultos mayores o los trabajadores informales. 

Por otro lado, y a propósito de esta situación, el delito también ha ido cambiando, adaptándose, con la percepción de que se ha vuelto más inmediato y agresivo, a través de encerronas, portonazos y otros delitos de oportunidad. Por este motivo no es de extrañar que se encuentren puntos comunes entre la situación de la pandemia, la inseguridad y los delitos: en un reciente estudio de la Asociación Chilena de Seguridad y la Universidad Católica, el “Termómetro de la salud mental en Chile”, se determinó que para los entrevistados los principales estresores eran, en primer lugar, la delincuencia, o la posibilidad de ser víctima de un delito; y en segundo lugar, el coronavirus, esto es, la posibilidad de que el entrevistado o alguien cercano se contagie. En tercer y cuarto lugar quedaría la preocupación por la situación económica del hogar y la posibilidad de perder el empleo, respectivamente.  

Con esto, y al igual que la preocupación por los temas sociales y económicos que se debatimos a diario, debemos plantearnos cómo será la situación de la inseguridad y la delincuencia en el futuro próximo post-pandemia, o mejor dicho, nuestro futuro junto a la pandemia. 

By Editor

Leave a Reply

Your email address will not be published.