Felipe Caro Pozo

Mg. en Políticas Públicas y Seguridad Ciudadana.

A fines de los años 90, la Comisión Económica para América Latina (CEPAL), organismo dependiente de la Organización de las Naciones Unidas, definía la seguridad ciudadana como “la preocupación por la calidad de vida y dignidad humana en términos de libertad, acceso al mercado y oportunidades sociales” En este sentido, todos aquellos elementos que atentaran contra estos principios, como la pobreza, la desigualdad, la falta de oportunidades, el desempleo, la ausencia de mecanismos suficientes de seguridad social y salud, la corrupción, la violencia y la delincuencia, entre otros, constituirían amenazas a la seguridad ciudadana.

Esto es muy interesante, puesto que en muchos países de América se asocia el término “seguridad ciudadana” con el combate a los delitos, el orden público y, en general, a los dispositivos asociados a la protección de la ciudadanía frente a la delincuencia. Asimismo, muchas veces cuando se habla o discute sobre el sentimiento de “inseguridad”, se hace en referencia al “temor al delito”, cuando este es sólo un ámbito de este fenómeno. En las últimas décadas, no obstante, se ha tratado de avanzar, a través de distintos programas de intervención, investigaciones y encuestas, en considerar esta problemática de forma multidimensional, abarcando las distintas esferas de la experiencia social humana. De ahí que algunas instituciones utilicen el concepto de “seguridad humana”, una definición más integral, siguiendo las recomendaciones del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD): “la seguridad no trata simplemente de la reducción de los delitos sino de una estrategia exhaustiva y multifacética para mejorar la calidad de vida de la población, de una acción comunitaria para prevenir la criminalidad, del acceso a un sistema de justicia eficaz, y de una educación que esté basada en los valores, el respeto por la ley y la tolerancia”.

Por otro lado, la Seguridad Pública puede entenderse como el conjunto de políticas y acciones llevadas a cabo por los Estados para garantizar la paz social por medio de la prevención y persecución de los delitos y las faltas contra el orden público, mediante los sistemas judiciales, penales y las fuerzas policiales. Es, por lo tanto, una dimensión más acotada dentro de la seguridad.

Con lo anterior entendemos que la  noción de la seguridad ciudadana es amplia y abarca distintos elementos del entramado social de las comunidades; mientras que la seguridad pública es un área más concreta que incluye las estrategias destinadas a mantener el orden social de la colectividad. Por estos motivos ambos conceptos son tan importantes para la discusión política y la gobernabilidad.

  • Referencias: Arriagada, Irma y Godoy, Lorena (1999) Seguridad Ciudadana y Violencia en América Latina, Santiago, CEPAL. 

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