En noviembre del año pasado, una delegación nórdica visitó nuestro país con el objeto de reunirse con empresarios chilenos y explorar posibles negocios de interés común. Por ser su primera travesía a Chile, venían acompañados por el Cónsul Honorario residente en ese país, quien se transformaría en una especie de guía turístico.
Sin embargo, lo que debió haber sido una grata e imborrable visita, se transformó en una verdadera pesadilla, dado que su llegada coincidió con el estallido social-antisocial.

Llegaron el día 12 de noviembre de 2019, a un hotel ubicado en el Barrio Lastarria, por lo cual fueron testigos directos de la quema y destrucción de la Iglesia de la Veracruz y de las barricadas y saqueos de rigor.
De lo que nunca se enteraron, fue que el Cónsul Honorario vivió también su propia odisea, ya que una vez que salió del hotel, donde los había instalado, tuvo que forcejear con distintos grupos de jóvenes encapuchados, todos “llenos de sueños”, quienes querían quitarle su maletín para transformarlo en combustible y avivar de ese modo, el fuego de las fogatas y barricadas.

Al día siguiente, una inquieta delegación conversó sobre lo ocurrido la noche anterior. Pese a las lógicas dudas, se decidió continuar con el programa previsto, el cual consideraba reuniones en Valparaíso y Viña del Mar.

Nuevamente “los dioses” como diría mi amigo Pedro, fueron contrarios o adversos a dicha iniciativa, ya que el bus que los transportaba fue interceptado masa de jóvenes idealistas, cuando éste se dirigía hacia la ruta 68.

Una vez detenido, los delegados fueron obligados a bajarse y a realizar lo que en ese tiempo se denominaba “el que baila, pasa”.

Según mi fuente, interrogado el Cónsul Honorario por los nórdicos sobre que debían hacer ante esta demanda, éste se habría limitado a responder: “será mejor que bailen”. Nunca pude saber si la citada  delegación llevó a cabo su programa o agenda prevista.
Finalmente, supongo que cuando los miembros de esta delegación nórdica se subían a su avión de regreso, lo hacían con un recuerdo indeleble, inolvidable,  de su estadía en jaguarlandia, tarareando además la estrofa final de la canción de Chito Faró “si vas para Chile”, la cual cito, como gentileza a su merced, para evitar que la busque por google:

Y verás cómo quieren en Chile

Al amigo cuando es forastero”.

By Editor

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